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En diseño web es de gran importancia el tiempo de descarga que necesita la web que diseñemos para mostrarse completa y operativa. Algunos disponemos de banda ancha y la diferencia entre que una web cargue en 4 segundos o en 1 no es muy apreciable. Pero en conexiones lentas, que no sean de banda ancha o que tengan un tiempo de respuesta muy lento por alguna razón, este tiempo se puede multiplicar por 10, 20 ó hasta por 50.

La “inmediatez” que implica el uso de internet en el sentido de que lo que busco lo quiero ya, en parte porque soy yo quien lo estoy buscando activamente -no como en el caso de la televisión que estoy esperando a recibir lo que sea que vaya a salir-, conlleva que si lo que pido tarda demasiado tengo mucho de donde escoger a pocos clicks. Por esto es necesario implementar sistemas que reduzcan ese tiempo de espera, en el caso del diseño web reutilizando recursos que son comunes en nuestro sitio en sus diferenes páginas. Estos se almacenan en el caché del navegador o del servidor y podemos mejorar este almacenamiento de manera sencilla, así esos archivos solo se descargan en la primera visita.

Tenemos por ejemplo un sitio con sus diferentes páginas web y sus hojas de estilo. Lo mas común es que podamos usar scripts php en nuestras páginas aunque dentro de estas no haya que hacer ningún tipo de consulta a bases de datos, ni cálculos, ni gráficas, etc. Estos scripts se ejecutan en el servidor y, para el caso que nos interesa, informarán al navegador del cliente sobre el estado de los recursos que componen la página.

Si tenemos una hoja de estilos .css que no cambiará en mucho tiempo podemos minimizarla, comprimirla y almacenarla en caché, esto mismo se puede hacer con los archivos de javascript que usemos. Así en futuras visitas o en las diferentes páginas que componen nuestro sitio, y usan la misma .css o .js, no será necesario descargar desde el servidor estos archivos cada vez.

Para minimizar la css hay varios servicios gratuitos, entre ellos Css compressor, de Lottery post. Tan sencillo como copiar el código de la css, pegar en Input, picar en Compress y seleccionar todo, copiar y pegar en un documento nuevo de nuestro editor de css. Damos el mismo nombre distinguiéndolo con min, por ejemplo estilo.min.css y guardamos.

Para minimizar los archivos de javascript seguimos los mismos pasos pero usamos el servicio de JS Minifier. En este caso deberemos borrar el código de ejemplo que viene en Code que es donde pegamos nuestro código js. Es recomendable dejar el nivel en “conservative” para evitar errores. Guardamos igual, por ejemplo efectos.min.js.

Para comprimir y almacenar en caché lo hacemos con un solo script:

  1. < ?php
  2. ob_start ("ob_gzhandler");
  3. header("Content-type: text/javascript; charset: UTF-8");
  4. header("Cache-Control: public, max-age=31536000");
  5. $offset = 60 * 60 * 24 * 30 ;
  6. $ExpStr = "Expires: " .
  7. gmdate("D, d M Y H:i:s",
  8. time() + $offset) . " GMT";
  9. header($ExpStr);
  10. ?>

Es imprescindible que este script vaya al comienzo del archivo antes de cualquier otra cosa. El ob_start (“ob_gzhandler”); es el que se encarga de comprimir. El resto del script es el que crea la cabecera para que el archivo sea almacenado en caché, para hojas de estilo usaremos text/css. El Cache-control: public dice al navegador que será útil para cualquier página del dominio que lo solicite, max-age=31536000 establece su fecha de caducidad en un año -en segundos-. El Expires establece su próxima revisión en un mes. Ahora el archivo lo guardamos como estilo.min.css.php o efectos.min.js.php en cada caso.

Ahora solo hace falta llamar a nuestro archivos desde el head de la misma manera pero con los nuevos nombres. Los javascript es mejor ponerlos al final de la página, justo antes del cierre de la etiqueta body, así se arma la página antes de empezar a cargar el javascript, lo que da la sensación de que termina antes de descargar. Nuestras páginas ya no deberán terminar en .htm o .html sinó en .php para que el código php introducido sea ejecutado.

Via CSSBlog he encontrado una pequeña guía sobre el uso de las fuentes en la web, la cual remite a información de webtaller.

Discrepo en algunas cosas basándome en mi experiencia y en mucha información que he encontrado en internet y libros sobre diseño gráfico y web.

Por un lado está el contraste, el cual para mí no debe ser demasiado fuerte. Lo primero que se viene a la cabeza en cuanto al contraste es el blanco y negro. Este queda bien en los libros, pero en el ordenador hay que sumarles el brillo que aporta la pantalla. Algo que no tiene el papel a no ser que sea así y en ese caso ya es un defecto de diseño, o un error del diseñador que lo escogió.

Basta con elegir un ligero tono pastel del color que se quiera, ya sea para el fondo o para el texto en caso de fondos muy oscuros. En cuyo caso habrá que aumentar un poco el tamaño de fuente o su espesor para que el fondo no se la coma.

Coincido en esto con los de CSSBlog, los colores deben tener una armonía. Pero esta debe ser preferiblemente análoga o monocroma, es decir, entre colores muy parecidos o el mismo color. Acercándose uno al negro y el otro al blanco, texto y fondo o viceversa. Evitando en lo posible las armonías complementarias que provocan vibración tonal. Como es el caso del naranja-violeta o magenta-verde, por ejemplo.

El interlineado y el interletrado deben ser algo que no se debería tocar a no ser que se quiera hacer algo especial. Ya quien diseñó la fuente estudió esas características para hacerlas adecuadas a la lectura. En cuanto al largo de los renglones diversas investigaciones han dado como resultado que un largo de 62-66 caracteres es el mas apropiado.

Salirse de estas bases es posible pero para casos puntuales, publicidad, logotipos, titulares impactantes, etc., pero no es recomendable para bloques de texto. Con efectos, contrastes extraños, interletrados e interlineados especiales, etc. en textos largos provocamos dificultad de lectura y cansancio visual. Lo que deriva en abandono de la web, lo primero que debemos evitar.

Esa es una pregunta que tiene respuesta positiva, pero que desgraciadamente es algo a lo que se le da poca importancia.

“La Ergonomía es definida como la disciplina científica que estudia el diseño de los sistemas donde las personas realizan su trabajo. A estos sistemas se les llama ‘sistemas de trabajo’ y son definidos de una forma amplia como ‘ el sector del ambiente sobre el que el trabajo humano tiene efecto y del que el ser humano extrae la información que necesita para trabajar ‘. El objetivo que tiene el ergónomo es describir la relación entre el ser humano y todos los elementos del sistema de trabajo.”

Con la metáfora del escritorio se genera un “espacio físico-virtual”, es decir, un espacio virtual que imita al físico cada vez con más perfección. En el cual tendemos a crear la tridimensionalidad y esperamos la usabilidad del espacio físico, y como se ve en muchos casos sin atender a la ergonomía necesaria para poder interactuar comodamente en él.

John Maeda en su libro Las leyes de la Simplicidad expone claramente como esta imitación de lo físico es acertada o no según el diseño creado.

Los mejores diseñadores aunan forma y función para crear experiencias intuitivas que comprendemos de forma inmediata, sin necesidad de lecciones (o de cursillos). Un buen diseño depende, de alguna manera, de la capacidad de incluir un sentido de familiaridad instantáneo.

Mientras el arte … nos incita a cuestionarnos. El diseño … aclara las cosas.

Y me pregunto ¿Es posible seguir los Criterios ergonómicos sin limitar por ello la creatividad y variedad de los elementos que componen la interfaz? Por supuesto que es posible, y hay que conocerlos para poder aplicarlos en su justa medida, pero cuando sean necesarios y sin coartar la imaginación.

En el diseño web es necesario simplificar la interfaz para mantener un orden visual y operativo de esta, sin olvidar el uso apropiado del espacio vacío como elemento organizador. Si, ese espacio sin nada al que muchos temen. Volviendo a John Maeda:

… hacer todo lo posible por preservar el espacio vacío debido a su perspectiva de que nada es algo importante. La oportunidad perdida por el incremento de la cantidad de espacio en blanco se recupera mediante la mejor calidad de la atención en aquello que permanece.

Por todo ello cabe aclarar que la ergonomía en este caso tiene mucho que ver con el espacio vacío que rodea al texto y llega hasta los bordes del botón, al espacio entre los botones, a la separación entre menú y contenido, titulares y párrafos, secciones e imágenes, etc.

La interfaz mas usada siempre tiene una cabeza y un pie. Su cuerpo se divide en dos o tres columnas teniendo una de ellas mayor ancho que las demás, siendo ésta la que alberga el contenido con mas profundidad. Como veis el ser humano en principio crea todo a su imagen y semejanza. El diseñador tiende basicamente a representar la interfaz como un reflejo de lo humano para hacerla mas asequible.

Luego con el tiempo y experiencia se desarrollan otros modelos de presentación que conllevan mas creatividad, que diluyen ese reflejo en narraciones visuales mas elaboradas y que mantienen, en lo posible, los elementos básicos necesarios para el adecuado funcionamiento de la interfaz.

En un principio la interfaz de escritorio de Apple HyperCard de los Macintosh dió el primer paso al imitar el Rolodex, siguió luego el diseño de los Macintosh 128 con una interfaz para el ordenador como metáfora del escritorio, buscando así un entorno de trabajo que imitara al que el usuario ya estaba acostumbrado.

Hay una necesidad imperante del usuario de manejar cosas que conoce, papel, reglas, lápices, botones, cajas, etc. El ordenador es una prótesis que nos permite la manipulación directa de los objetos virtuales que tenemos en la interfaz imitando la realidad. Esta misma concepción se extendió a los programas usados para la creación de documentos, presentaciones, gráficos y, por supuesto, las páginas web.

En Diseño de nuevos medios de comunicaciónTom Elsner, de la asesoría de diseño británica Bureau for Visual Affairs, afrima:

“Hacer un sitio web es como fabricar un objeto real”…

Objeto que tiene sus mecanismos, botones, pestañas, secciones, etc. que se espera que el usuario controle según sus necesidades. Por ello además de crear una estructura en función del contenido, es necesario tener en cuenta la ergonomía de los objetos que allí funcionan y de todo el objeto en sí.

Vemos en el tiempo como se ha evolucionado de una interfaz simple, a imagen de un texto impreso, hasta la tendencia actual a mostrar tres dimensiones. Ahora encontramos botones que se presionan, pestañas y fotografías que hacen sombra, efectos que imitan el paso de hojas de revista (pageflip), gráficos en 3D, uso de css para dar sensación de profundidad, etc.

Somos animalitos de costumbres y si queremos que nuestras webs funcionen debidamente hay que implementar objetos usables que por su forma y mensaje indiquen la acción que se espera de ellos, la jerarquía que tienen en el conjunto y los posibles caminos que hay disponibles.

En cualquier caso hay que mantener una estructura que permita diferenciar las diferentes partes y una forma en ellas que indique su función. La falta de estructura es una ausencia de significados. El usuario no soporta el caos, busca un orden que conecte las diferentes partes para tener una unidad espacial. Y si no lo encuentran se buscan otro camino ya que hay millones posibles a un solo clic.

Ya hablaremos de estructuras y jerarquías mas adelante, que este bullir de ideas en la cabeza hace que el mensaje sea mas largo de lo que debiera.

Quizás una de las primeras premisas de diseño que se encuentra quien se enfrenta a hacer una nueva página o proyecto web es la resolución a la que se va a presentar esta al usuario. Es problemático hacer la página con unas dimensiones fijas debido a la gran variedad de resoluciones que existen, lo que provoca que en la resolución escogida se vea bien pero en otras mas pequeñas no quepa y en mayores quede demasiado espacio libre.

Esta forma de diseñar era la usada antes cuando todo se maquetaba en tablas, aunque todavía hay algunos que montan las páginas de esta manera y ciertos programas lo hacen cuando se elabora el diseño en forma gráfica (aptos para vagos, y ya sabemos que el perezoso trabaja doble y mal). En cambio ahora el uso de los divs o cajas ha permitido usar bloques de objetos que se acomodan a la ventana en la que se presentan, ya sea por medidas en porcentajes, superposición de capas o por el uso de floats sin restricción.

Aunque la resolución más usada ahora es la 1024×768 como lo podemos comprobar aquí, aquí, aquí y aquí, nos encontramos con un mercado creciente tanto de portatiles con pantallas panorámicas como de grandes pantallas -panorámicas también- que se pueden usar como televisores, en ambos casos con posibilidad de mostrar altas resoluciones, y por otro lado del boom de los ultraportálies o netbooks que en gran medida regresan a resoluciones de 800×600 u 800×480.

El debate ahora está abierto entre usar un diseño líquido o uno elástico (términos, muy descriptivos por cierto, que trataré en otro artículo). El uso de los divs y la versatilidad que puede plantearse en el diseño de cajas móviles nos dan mas libertad a la hora de maquetar nuestras páginas pero nos obliga a tener en consideración lo que se incluirá en cada caja y la relación con las demás, esto es algo que requerirá un análisis mas sesudo (en todo se puede profundizar tanto como se quiera).

Para mi lo primordial para poder controlar el aspecto es poder tener un sistema que permita comprobar el diseño en diferentes resoluciones, así podemos corregir errores y comportamientos extraños (lease IE), para lo cual disponemos de varias herramientas. En mi caso uso, y recomiendo, tres gratuitas:

  • ToggleRes nos permite un cambio rápido entre dos resoluciones que se pueden configurar.
  • MultiRes nos permite cambiar la resolución a escoger entre una amplísima variedad incluyendo la tasa de refresco. Hay que configurar la pantalla para que se vea bien cada vez que se escoge una nueva resolución.
  • La extensión Web Developer para los usuarios de Firefox, la cual trae un botón Resize que nos permite adicionar las resoluciones de pantalla que queremos representar. No cambia la resolución real de la pantalla, solo la de la ventana, por lo que tenemos que poner la resolución en la pantalla más alta a la que queremos trabajar y luego ir escogiendo en Resize para mostrar las resoluciones mas pequeñas en la ventana.

Otro asunto que trataré un poco por encima luego es el de los dispositivos móviles para los que tenemos también formas de representarlos en el ordenador, así podemos comprobar como se ven nuestras páginas en ellos.